sábado, 9 de junio de 2012
Es así como aparece, en un asiento blanco con noche, con árboles, con la gana acomodándose apenas después de varios intentos, remando constante desde la estación anterior y atravesando la piel con cada rayo de sol, con cada párrafo nuevo, con un mundo de sabores distintos arremolinándose y formando un delta en la garganta. No tengo claro cuando pasó, cuando apretamos el botón de stop o por lo menos nunca supe cuando nos sumergimos en el vacío y ni un solo eco, ni un solo sonido opaco se estaciono entre los dos, simplemente se detuvo la comunicación; nunca supe cuando nos devolvimos a un tiempo sin brillo ni artificio, se abrió un mar entre nosotros y empezamos a caminar como dos extraños que no dejan permear ni un abrazo ni un saludo, dos miradas indiferentes entre un libro y un café y una lluvia pequeña naciendo, llenando la ausencia.
Hoy me siento aquí con un corazón claro pero sin prejuicios, esos tiempos de guerra, de besos rotos, de pulgas en el corazón, me arrancaron al pálpito de una conciencia clara que no quiso ser vacía, que moría por una conciencia abrumadora y se comportaba como una conciencia ciega y abnegada porqué así se comporta el amor y las conciencias eclécticas no dan paso firme sin cuestionamientos ni medidas: las conciencias numéricas, las conciencias matemáticas… No se hasta que punto me he dejado invadir de la inconciencia o por lo menos he tratado de evitar, en una medida posible, el ruido del tiempo haciendo eco tratando de ponerme en el camino correcto, pero es que si de amor se trata entonces no he querido mezclar el agua con el aceite: dar sin esperar pero al final siempre se espera y esa parte no tiene culpables ni justificaciones. Yo sigo aquí tratando de crear estructuras que al final no tienen formas definidas, siempre conjugando en infinitivo, la idea general sin las palabras pequeñas amarradas a los dientes, pero es que así funciono yo y no pretendo entender cual es la manera correcta o en cualquier caso la otra forma porqué en la mayoría de los casos no tiene sentido esconder el amor entre una caja y pretender encontrar, después, lo mismo que oculte… sigo regalando gritos al vacío.
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